martes, agosto 24, 2004

Reverencia a la Vida

Contemplo el pan y el vino sobre la mesa.

Ese pan que alguna vez fue trigo verdeando
sobre praderas oscilantes.
Ese vino que fue racimo de uvas,
galardón de parras ancestrales.

Es vida triturada y molida ante mí,
para darme a mí la vida.

Con reverencia parto el pan y tomo el vino.

Pido perdón por tomar vidas para existir.
¿No existe otro camino para sobrevivir
en este mundo?

Y no solamente nos alimentamos
de los frutos de la tierra,
de los animales del campo,
o de los peces del mar;
también tenemos vida
gracias al sacrificio
de quienes nos amaron.

Hemos convertido en pan
a nuestros padres.
Hemos convertido en vino
a nuestros amantes.

Tomamos conciencia
que en nuestra carne
millones de criaturas
se esfuerzan por mantener
nuestra corporeidad.

Por eso pido perdón
por desconocer estas verdades.

Pido perdón por ser ingrato.

Vivo, gracias a muchos
que apenas conozco.

Ahora me toca a mí
ser alimento de otras vidas.

Por eso muero cuando amo,
para que otros tengan vida,
y la tengan en abundancia.

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