miércoles, agosto 18, 2004

Vuelvo mi vista hacia los montes
contemplando el ocaso del volcán.

Como surgen las olas
desgarrando el aire con su rugir
y se levantan los pastos
después de una llovizna
es como se alza mi pensamiento
hacia la virtud del ser.

No espero trascender
escuchando los gritos de la fama
ni quiero relucir
como luces de pantano,
sino sólo ansío
descifrar las claves
de una vida plena...
Y vivirla antes de que sea tarde.

Levanto los ojos hacia las cumbres
vislumbro el amanecer de los copihues.

Cuando me recojo sobre mi interior
encuentro un camino ya recorrido,
me adentro en un jardín hermoso y sereno.

Es como si sólo hubiera parpadeado un instante,
recuperando mi visión de la ruta establecida,
y camino hacia un encuentro
mientras escucho la voz de mi amigo,
de mi madre, de mi padre,
de mi amada, de mi hijo.

Es una voz grande y penetrante,
suave y envolvente.

Me seduce su discurso escrito
en letras vivas,
me embarga una alegría inmensa escuchar
sus notas deliciosas
en los trinos y susurros.

Alzo la mirada asombrado
velando por ver el sol en su cenit.

¿Dónde estás, que te me ocultas?
¿Dónde estás, que no te hallo?

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