domingo, septiembre 05, 2004

Camino hacia mi muerte

Me acerco a ti con mi armadura herrumbrada y mi espada rota. Mi triste, desgarbada y coja figura no alcanza a destacar entre las penumbras del bosque húmedo y espeso.


Cuando venía hacía ti luché con un dragón, ese que se conoce como el de las pasiones. Cuando buscaba tu rostro amable me topé con una arpía, llena de engaño y veneno que me atacó traicionera. Cuando me levantaba cada día desde el suelo fangoso y frío, me abrazaban los tentáculos del odio y el egoísmo.


Luché con todas mis fuerzas para que no tocaran el Cáliz sagrado, pero no pude evitar que dañaran mi figura y trastocaran mi rostro.


Aún así, ellos no pudieron disminuir mi fuerza y mi energía, puesto que hace mucho tomé del elixir de la verdad y llevaba, también el amuleto del discernimiento de espíritus.


Pero me ves cansado, casi agotado... ¿qué me ha hecho desfallecer y sufrir? ¿acaso fue el dragón, la arpía o el monstruo de los tentáculos?

No, no, no... fue mi corazón mil veces expuesto, porque debía alimentar pelícanos sedientos, porque criaturas sufrían y quise calmar su dolor. De mi corazón brotaba mucha sangre y ahora sé que corre por otras venas. Di de mi vida para que otros tuvieran vida. Y he aquí que me acerco a ti para ofrecerte lo más preciado, mi último tesoro: la última gota de mi sangre.

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