jueves, septiembre 09, 2004

Una Soledad no tan sola

Allí donde sólo el viento mora,
allí donde ciudades desiertas,
en que se alzan muros de roca
y recortan las praderas muertas,
allí vagaba un alma sola.


Sola, porque en su silencio
permanecía en lo desconocido.
Sola, pues ningún sentido
le unía al risco frío.


Sola, algo miraba.


¿Qué miras, alma, tan sola?
Observo que sonríes dichosa.
¿Qué contempla tu vista fina
que dé motivos a tu risa
que conmueva el alma mía?
¿Qué puede ser tan bello
para que tu frente hermosa
se llene de luces luminosas?


He aquí que he descubierto 'América'
al mirar tus ojos universos.
Heme aquí en zona ártica,
mares y desiertos extensos
descubriendo en las soledades
un grano que era el cosmos.


¿Pude captar tantas verdades
de un alma que nada me dijo? Sí.


¿Cómo, entonces, en la selva
en que vivo tanto me cuesta
encontrar una sola?


La serenidad que reinaba
y aquella bondad reflejada
en esa faz estrellada
daban imágenes de niños,
de retoños y cachorros
(y me alegré por ello).

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